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David Burgos
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CUANDO EL MUNDO NO TIENE RESPUESTAS O SE VUELVE INCPOMPRENSIBLE, YO SIGO ACÁ INSOPORTABLEMENTE VIVO!! (larenga)

Cirque de la mort

miércoles, 11 de enero de 2017


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Recuerdo haber salido algo desilusionado de la Ciudad Empresarial después de presenciar el show del Cirque du Soleil, mi experiencia como espectador de los espectáculos encarpados es casi nula, recuerdos vagos me quedan del “Gran Circo Tihany” y de los “Picapiedras Sobre Hielo” pero lo que esperaba del vanagloriado Circo del Sol era algo de acción.
Es un espectáculo que bordea la perfección, los movimientos y acrobacias generan el asombro del público – un público que sólo se permitirá asistir a un circo con salón VIP – pero yo estaba sorprendido desde el momento de conocer los precios de las bebidas o del mismo ticket.
En fin, el tema no es cuan ABC1 puede llegar a ser el Cirque du Soleil sino la poca posibilidad real de sentir que lo que estaba sucediendo frente a mis ojos fuera una real situación de peligro para sus ejecutantes. Está bien seamos sinceros. Lo que esperaba para emocionarme es que sucediera algún accidente. ¿Cruel? No lo creo. ¿No es acaso esa la gracia de tan arriesgadas piruetas? Sentir que el avezado artista pueda caer en cualquier momento es lo que buscan nuestros deseos más íntimos de satisfacción morbosa.
El Cirque du Soleil, entre rutinas aprendidas de memoria sin derecho a la improvisación y uno que otro cable “invisible”, entregaba demasiada información de que nada nuevo más que lo visto en la TV ocurriría allí. Necesitaba conocer el verdadero espectáculo del circo, el que bordeara la peligrosa línea de la estupidez y la intrepidez humana. No todos podían ser tan empaquetados como el fifí Circo del Sol.
La búsqueda terminó en el Puente Mercado de Viña del Mar, no precisamente en una ciudad empresarial, más bien en los faldeos del Estero Marga Marga. Allí se encontraba el “Circo Panamericano Espectacular” que nos abrió sus puertas para conocer un poco más de la industria criolla de la entretención encarpada, pero sin duda mis intenciones eran buscar cualquier señal que satisficieran mis deseos morbosos de peligro ajeno.
En el frontis del circo se podían ver dibujados alguno que otro fiero animal, el riesgo de cualquier ataque me llenaba de satisfacción, sin embargo al momento de preguntar si trabajaban con feroces felinos o elefantes gigantes, la respuesta fue negativa y como un insulto a mis pensamientos se acercó un perro pequeñísimo. ¿Qué daño podría haber hecho aquella insignificante criatura?
Mis esperanzas se acrecentaron cuando apareció un tipo de mediana estatura, pelo largo, ojos claros, bastante “dije” como diría mi abuelita. Era trapecista, una joven promesa, según decían sus compañeros. Lo primero que nos mostró fue su INFLAMADO tobillo, destaco inflamado porque en mi vida he visto multiplicarse tanto alguna extremidad. Como si supiera lo que quería oír, describió una que otra lesión. Era el lugar correcto, no había dudas al respecto.
La emoción me seguía embargando a medida que recorría la carpa y sus instalaciones, las butacas (italianas según la publicidad) se mecían de sólo mirarlas, ¿la búsqueda de la adrenalina habrá sido de tal magnitud que incluso buscaban que el público la sintiera desde el momento de apoyarse en su asiento? No lo sé.
Pero lo que no sólo sobrepaso mis deseos, sino que me embargo de un escalofrío que se acercaba más al temor que a la satisfacción, eran los instrumentos que utilizaban para hacer las distintas acrobacias. El trapecio que se encontraba a una altura considerable al centro de la pista, estaba armado con una barra bastante delgada y si los cables parecían invisibles en el Cirque du Soleil, aquí la invisibilidad por la delgadez de los cables no causaba mi enfado sino que me ponía los pelos de punta.
Para que decir el “Péndulo de la Muerte” sólo el observar un tubo completamente desoldado, le daba total y completo sentido al nombre del artefacto. En el pituco Circo de la Ciudad Empresarial estaban prohibidas las fotografías, la excusa era que los flashes podían afectar la concentración de algún artista, como podrán imaginarse en el “Circo Panamericano Espectacular” las fotografías eran permitidas, incluso pareció una pregunta estúpida al momento de hacerla.
A estas alturas mi idea de divertirme con el riesgo de otro, ya no parecía agradarme, los entusiasmados artistas comenzaban a tener cada vez más intenciones de subir a algún despistado inexperto a probar la sensación del trapecio. Era el momento adecuado para arrancar olímpicamente.
Esa noche no fui a la función, la imagen de la muerte de la familia del inseparable compañero de Batman rondaban mi cabeza. La cobardía le había ganado a la morbosidad.

Publicado por David Burgos en miércoles, enero 11, 2017  

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