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David Burgos
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insoportablemente vivo

CUANDO EL MUNDO NO TIENE RESPUESTAS O SE VUELVE INCPOMPRENSIBLE, YO SIGO ACÁ INSOPORTABLEMENTE VIVO!! (larenga)

No se va de "chopings" al Marina Arauco

martes, 28 de octubre de 2008

Soy clasista, por ende discriminador. Soy de los llamados resentidos, de esos que odian a las clases más acomodadas, por el sólo hecho de tener más. Detesto las ciudades donde proliferan los rubiecitos y sus rubiecitas familias. Viña del Mar está entre esos hermosos parajes, es una ciudad pelolais por donde se la mire.

Este particular asentamiento humano tiene vista al mar, jardines en perfecto estado mantenidos por los obreros de la gran reina madre y hasta un lugar donde la gente va a perder (apostar) el dinero que le sobra, así es, los ricos se dan el lujo de jugar con el dinero.

Donde el dinero no se juega pero se pierde de igual forma es en el centro comercial o mall para los pelolais lectores, su nombre es Marina Arauco y se desmarca del vecino más popular llamado Viña Shopping. El nombre no es casualidad ya que en el Marina Arauco no se va de shopping.

Pero para qué estamos con cosas, nos encanta aparentar esa vida que no tenemos. He visto gente arreglarse para ir al mall, ¿es que acaso uno necesita ARREGLARSE para tratar de estar al nivel de la situación? Todo se derrumba cuando vemos a un rubiecito que hasta con andrajosos ropajes no dejaría de desentonar en aquel paisaje.

Los cuicos me producen una atracción fatal, necesito ir a mirar de vez en cuando para incentivar mi resentimiento o bien para estar al día de qué es lo que deberíamos consumir para salir de la (en lógica arjoniana) estancada y emergente clase media. La ida a este palacete del consumo, claro está, se convierte en una especie de visita a una exposición de lo más high.

Las vitrinas muestran sus productos, pero sin precios. El que quiera adquirir el producto está dispuesto a pagar cualquier precio, el precio que lo separará de la Plebe y que incluso le dará estatus en algún momento de la existencia social.

Convengamos en que la mejor parte de la exposición es disfrutar de qué forma los pasillos se convierten en verdaderas pasarelas de la alta costura y regocijamos nuestra vista con estilizadas mujeres que sabremos nunca tendremos.

Mirar vitrinas y mujeres es gratis, regocijar la tripa no. Para degustar un delicioso pedazo de torta de algún stand de pastelería europea no se desembolsan menos de 1000 pesos, sin café incluido. Si hasta hay un local que vende churros, xurros como se autodenominan, ¿el valor? Sólo diré que en un arrebato de exaltación de clase le demostré mi molestia al vendedor con un:”shshsh ni que jueran de oro las custiones”

La novedad que encontré en mi visita mensual, que forma parte del ejercicio de fomentar mi resentimiento, fue unas zapatillas que literalmente se venden parchadas. Sí, como lo lee, es un modelo que se convierte en lo último desarrollado por la industria cultural, una zapatilla que da la impresión de haber sido usada. No les basto con vender prendas rayadas y con haber saturado hasta el cansancio la imagen del Che Guevara, ahora la exclusividad del joven cuico es aparentar que anda a mal traer.

Como lo ve la novedad del mall es una burla para los que han roto sus zapatillas a punta de esfuerzo y dedicación. Espero encontrarme con otros insultos de este calibre la próxima vez que vuelva a recargar mi apatía.

Pura industria cultural:





Publicado por David Burgos en martes, octubre 28, 2008 3 comentarios  

La partusa de la democracia

viernes, 24 de octubre de 2008


La gran fiesta cívica del plebiscito trajo de vuelta la palabra democracia y con ella, la posibilidad de poder elegir a nuestros gobernantes. Volvíamos a ser responsables de nuestro futuro político. Han pasado más de veinte años de aquella gran partusa democrática, ya hemos elegido a cuatro presidentes, un puñado de parlamentarios y unos cuantos alcaldes.

Hoy nos encontramos en el periodo de elecciones municipales, aquel proceso de la Democracia más local, si bien la participación en los registros electorales ha disminuido considerablemente -teniendo en cuenta que para el plebiscito si inscribieron para votar cerca del 90% de las personas que cumplían con los requisitos- hoy el fenómeno de la masiva actitud democrática no se da en los votantes, sino en la cantidad de candidatos.

Alguna vez leía que “las democracias son los gobiernos cuyos líderes son elegidos en forma periódica, competitiva y por medio de elecciones no excluyentes (Jeane J. Kirkpatrick, 1981)” otro autor decía que el proceso “se caracterizaba por contar con elecciones competitivas en las cuales la mayor parte de los ciudadanos tiene derecho a participar (G. Bingham Powell, 1982)” estos son sobrios significados de Democracia, está bien que nuestro proceso político sea sobrio pero ¿no será mucho?

En esta ocasión la cantidad de concejales a elegir es impresionante, para menos de 10 cupos en los concejos municipales aparecen alrededor de 50 candidatos. Me parece extraordinario que la democracia no sea excluyente y que la mayor parte de los ciudadanos pueda participar, pero de ahí a que la fiesta de la democracia se transforme en una partusa, con más colados que invitados a ofrecer alternancias en pro del manoseado bien común, es otra cosa.

Pareciera que el ponceo le ha ganado al romanticismo. Pero ¿qué fue lo que sucedió para que nos llenáramos de invitados de piedra y peor aún de pelolais disfrazados de pokemones independientes? ¿Acaso el ciudadano común y corriente decidió apalear la cesantía intentando comenzar una carrera política? o ¿los partidos llenaron de candidatos “independientes” para desvincularse con la pésima imagen que proyectan los políticos?

Las respuestas para la gran cantidad de candidatos pueden ser muchas, incluso no me parecería raro que más de uno de los postulantes haya sido alentado a participar en algún asado con los amigos con un “tay pintado para candidato” esperemos ese grito no se convierta más adelante en un “se siente, se siente anónimo presidente…”

La verdad, espero que la masividad de candidatos no se torne costumbre. Seguir criticando a la clase política por obtener dinero fácil y seguro, además de gratas estadías al extranjero, pareciera no estar convirtiéndose en un llamado de alerta para la ciudadanía, sino que en una tentadora oferta para convertirse en un indio con pinta de cacique.

¿qué les parece a ustedes, mayor participación ciudadana o una partusa política?

Publicado por David Burgos en viernes, octubre 24, 2008 0 comentarios  

Cirque de la mort

domingo, 19 de octubre de 2008

Recuerdo haber salido algo desilusionado de la Ciudad Empresarial después de presenciar el show del Cirque du Soleil, mi experiencia como espectador de los espectáculos encarpados es casi nula, recuerdos vagos me quedan del “Gran Circo Tihany” y de los “Picapiedras Sobre Hielo” pero lo que esperaba del vanagloriado Circo del Sol era algo de acción.

Es un espectáculo que bordea la perfección, los movimientos y acrobacias generan el asombro del público – un público que sólo se permitirá asistir a un circo con salón VIP – pero yo estaba sorprendido desde el momento de conocer los precios de las bebidas o del mismo ticket.

En fin, el tema no es cuan ABC1 puede llegar a ser el Cirque du Soleil sino la poca posibilidad real de sentir que lo que estaba sucediendo frente a mis ojos fuera una real situación de peligro para sus ejecutantes. Está bien seamos sinceros. Lo que esperaba para emocionarme es que sucediera algún accidente. ¿Cruel? No lo creo. ¿No es acaso esa la gracia de tan arriesgadas piruetas? Sentir que el avezado artista pueda caer en cualquier momento es lo que buscan nuestros deseos más íntimos de satisfacción morbosa.

El Cirque du Soleil, entre rutinas aprendidas de memoria sin derecho a la improvisación y uno que otro cable “invisible”, entregaba demasiada información de que nada nuevo más que lo visto en la TV ocurriría allí. Necesitaba conocer el verdadero espectáculo del circo, el que bordeara la peligrosa línea de la estupidez y la intrepidez humana. No todos podían ser tan empaquetados como el fifí Circo del Sol.

La búsqueda terminó en el Puente Mercado de Viña del Mar, no precisamente en una ciudad empresarial, más bien en los faldeos del Estero Marga Marga. Allí se encontraba el “Circo Panamericano Espectacular” que me abrió sus puertas para conocer un poco más de la industria criolla de la entretención encarpada, pero sin duda mis intenciones eran buscar cualquier señal que satisficieran mis deseos morbosos de peligro ajeno.

En el frontis del circo se podían ver dibujados alguno que otro fiero animal, el riesgo de cualquier ataque me llenaba de satisfacción, sin embargo al momento de preguntar si trabajaban con feroces felinos o elefantes gigantes, la respuesta fue negativa y como un insulto a mis pensamientos se acercó un perro pequeñísimo. ¿Qué daño podría haber hecho aquella insignificante criatura?

Mis esperanzas se acrecentaron cuando apareció un tipo de mediana estatura, pelo largo, ojos claros, bastante “dije” como diría mi abuelita. Era trapecista, una joven promesa, según decían sus compañeros. Lo primero que nos mostró fue su INFLAMADO tobillo, destaco inflamado porque en mi vida he visto multiplicarse tanto alguna extremidad. Como si supiera lo que quería oír, describió una que otra lesión. Era el lugar correcto, no había dudas al respecto.

La emoción me seguía embargando a medida que recorría la carpa y sus instalaciones, las butacas (italianas según la publicidad) se mecían de sólo mirarlas, ¿la búsqueda de la adrenalina habrá sido de tal magnitud que incluso buscaban que el público la sintiera desde el momento de apoyarse en su asiento? No lo sé.

Pero lo que no sólo sobrepaso mis deseos, sino que me embargo de un escalofrío que se acercaba más al temor que a la satisfacción, eran los instrumentos que utilizaban para hacer las distintas acrobacias. El trapecio que se encontraba a una altura considerable al centro de la pista, estaba armado con una barra bastante delgada y si los cables parecían invisibles en el Cirque du Soleil, aquí la invisibilidad por la delgadez no causaba mi enfado sino que me ponía los pelos de punta.

Para que decir el “Péndulo de la Muerte” sólo el observar un tubo completamente desoldado, le daba total y completo sentido al nombre del artefacto. En el pituco Circo de la Ciudad Empresarial estaban prohibidas las fotografías, la excusa era que los flashes podían afectar la concentración de algún artista, como podrán imaginarse en el “Circo Panamericano Espectacular” las fotografías eran permitidas, incluso pareció una pregunta estúpida al momento de hacerla.

A estas alturas mi idea de divertirme con el riesgo de otro, ya no parecía agradarme, los entusiasmados artistas comenzaban a tener cada vez más intenciones de subir a algún despistado inexperto a probar la sensación del trapecio. Era el momento adecuado para arrancar olímpicamente.

Esa noche no fui a la función, la imagen de la muerte de la familia del inseparable compañero de Batman rondaban mi cabeza. La cobardía le había ganado a la morbosidad.




AGRADECIMIENTO ESPECIAL A LAS FOTOS DE CONI CALDERÓN QUIEN SE ATREVIÓ A IR A LA FUNCIÓN

Publicado por David Burgos en domingo, octubre 19, 2008 0 comentarios  

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