Soy de los que ya se siente viejo, amargadamente viejo diría yo. Este trastorno puede haber sido generado por muchas cosas, pero una de las principales responsables es mi madre. La cual, como toda madre, ha visto como sus sueños frustrados no han podido desarrollarse en sus hijos.
En mis tiempos mozos desarrolle el deporte de manera habitual y competitiva, siempre alentado por mi mami, la cual veía con orgullo como traía medallas para la cosecha del ego materno. Hice gimnasia como 10 años, fútbol, tenis y descenso en bicicleta. Tiempos de gloria aquellos, era flaco, de esos que se le ven las costillas. En ese tiempo mi madre me llamaba felizmente “Palito”.
Hasta que fui atrapado por la adicta noche. Todo cambió, el deporte comenzó a alejarse y con ello las aspiraciones de orgullo materno. Fin de semana tras fin de semana salía a practicar ese tan alicaído deporte de “empinar el codo”.
Mi contextura, si es que alguna vez tuve, comenzó a cambiar. Hasta que un día mi madre me voy salir de la ducha y sorprendida exclamó: “mira como estás de gordo por el trago, hasta estrías tienes. Tápate guatón” desde ese día nunca mas escuche “Palito hijo mío”
Talvez sentí que ya me había convertido en un adulto, pero mi madre estaba empeñada en no resignarse y cada vez que iba al médico, le decía que estaba obeso y que algo se podía hacer, sin embargo los especialistas la calmaban y decían que estaba normal.
De pronto todo en mi vida comenzó a tener sentido, debía asumir mi envejecimiento y seguir con lo mío, olvidar el deporte de mi juventud y aceptar mi nueva vida llena de amargos comentarios.
Gracias madre por hacerme asumir que soy un GUATAKON, así es que el próximo que me diga que soy un viejo amargado, no me demoraré en asumir y le diré que sí, después de todo “mas sabe el guataca por viejo que por guataca”
En mis tiempos mozos desarrolle el deporte de manera habitual y competitiva, siempre alentado por mi mami, la cual veía con orgullo como traía medallas para la cosecha del ego materno. Hice gimnasia como 10 años, fútbol, tenis y descenso en bicicleta. Tiempos de gloria aquellos, era flaco, de esos que se le ven las costillas. En ese tiempo mi madre me llamaba felizmente “Palito”.
Hasta que fui atrapado por la adicta noche. Todo cambió, el deporte comenzó a alejarse y con ello las aspiraciones de orgullo materno. Fin de semana tras fin de semana salía a practicar ese tan alicaído deporte de “empinar el codo”.
Mi contextura, si es que alguna vez tuve, comenzó a cambiar. Hasta que un día mi madre me voy salir de la ducha y sorprendida exclamó: “mira como estás de gordo por el trago, hasta estrías tienes. Tápate guatón” desde ese día nunca mas escuche “Palito hijo mío”
Talvez sentí que ya me había convertido en un adulto, pero mi madre estaba empeñada en no resignarse y cada vez que iba al médico, le decía que estaba obeso y que algo se podía hacer, sin embargo los especialistas la calmaban y decían que estaba normal.
De pronto todo en mi vida comenzó a tener sentido, debía asumir mi envejecimiento y seguir con lo mío, olvidar el deporte de mi juventud y aceptar mi nueva vida llena de amargos comentarios.
Gracias madre por hacerme asumir que soy un GUATAKON, así es que el próximo que me diga que soy un viejo amargado, no me demoraré en asumir y le diré que sí, después de todo “mas sabe el guataca por viejo que por guataca”
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